Santoral del día: Agustín de Canterbury, Bruno de Würzburg
En estos días de preparativos de comuniones en los que he vuelto a ser algo más partícipe en la iglesia, aportando mi granito de arena al coro “infantil” (aunque yo no pueda considerarme ya así), me he dado cuenta de algo que creo muy importante: se están perdiendo valores importantes.
Por mucho que nos empeñemos en que nuestra sociedad es laica, las enseñanzas del cristianismo siempre han estado de fondo, formándonos como personas. Y eso es algo que no podemos negar. Porque nuestros padres (los de mi generación y anteriores) estaban educados en la iglesia como máximo referente y eso ha echo que nosotros hayamos aprendido de ellos el respeto, la educación, la tolerancia y todos esos valores que ahora parecen completamente perdidos cuando observamos a los niños de ahora.
Porque nuestros padres, se preocupaban verdaderamente de nuestra educación y aunque alguno no se considerara cristiano, sabía que aspectos quería que sus hijos heredasen.
Porque al fin y al cabo, todos los valores, religiosos, morales, éticos o como se les quiera llamar están basados en las enseñanzas de Jesús: el amor y el respeto por y para los demás.
Tengo muchos amigos que cuando alcanzaron la madurez, decidieron desvincularse de curas, misas y mucho más de la iglesia , en la que nunca habían creído y a la que iban por obligación paterna (o debería decir materna). Siempre nos hemos respetado mutuamente en nuestra forma pensar, aunque de vez en cuando les salga la vena irónica y me manden por e-mail, chistes a costa de curas e iglesia. Ya se sabe, los ateos aprovechan cualquier oportunidad para “meterse con nosotros”. (Y eso que en muchas cosas les doy la razón). Y sin embargo veo en ellos actitudes que no veo en los niños de ahora.
Porque la generación de cristianos empezó a flaquear en la mía y adyacentes, y como ellos ya no creen, los hijos han dejado de acudir a la iglesia. Y eso se nota, puesto que en cuanto hacen la comunión, ya no vuelven a reunirse con la religión de fondo como lo hice yo. Y se nota, porque no saben dirigirse a sus mayores, ni siquiera a los de su edad: son irrespetuosos, malhablados, intolerantes…
Por supuesto siempre hay casos en que los padres, aunque no crean en la iglesia, se han molestado en proporcionar la educación adecuada a sus hijos para que sean respetuosos, responsables y educados.
Pero por desgracia, son los menos.
Por supuesto, esto desencadena en otro tema relacionado y del que no voy a hablar aquí: la importancia de que los padres eduquen a sus hijos, sin olvidar que son los verdaderos responsables de ello y no los maestros como algunos creen.